Hablamos de catarata congénita cuando un niño nace con catarata, es decir, que nace con el cristalino opaco y por lo tanto no le permite ver. La cataratas comprometen la visión si son totales, o centrales y de tamaño importante como para cubrir el área pupilar (área central del ojo a través de la cual entra la luz).
Pueden ser unilaterales o bilaterales, ir acompañadas o no de otras anomalías oculares ( córnea, retina..) y frecuentemente son hereditarias. Aunque también existen otras causas como infecciones intrauterinas, síndromes cromosómicos, enfermedades metabólicas y renales. El oftalmólogo conjuntamente con el pediatra deberán descartar dichas posibilidades.
En algunos casos es el pediatra o los mismos padres los que detectan una mancha blanquecina en el área pupilar. Otras veces la baja visión del ojo comportará un estrabismo (desviación ocular) o nistagmus (movimiento o temblor del ojo). Ante cualquiera de estos síntomas se debe llevar al niño a un oftalmólogo.
Las primeras semanas de vida son de gran importancia para la estimulación visual y para que no se desencadenen los mecanismos cerebrales de ojo vago. Necesitamos recibir estímulos visuales al nacimiento para iniciar el desarrollo visual de forma correcta. Por lo tanto la velocidad en el tratamiento es un factor muy importante.