Retinopatia Diabética

Dr. Miguel Zylberglajt

La retinopatía diabética, la enfermedad ocular diabética más común, ocurre cuando hay cambios en los vasos sanguíneos en la retina. A veces, estos vasos pueden hincharse y dejar escapar fluidos, o inclusive taparse completamente. En otros casos, nuevos vasos sanguíneos anormales crecen en la superficie de la retina.

Estas alteraciones de la retina están directamente relacionadas al control metabólico que el paciente tenga de su enfermedad y también a la presión arterial.
Generalmente, la retinopatía diabética afecta a ambos ojos. Las personas con retinopatía diabética a menudo no se dan cuenta de los cambios en su visión durante las primeras etapas de la enfermedad. Pero a medida que avanza, la retinopatía diabética usualmente causa una pérdida de visión que en muchos casos no puede ser revertida.

Existen dos etapas de la retinopatía diabética según su gravedad. Retinopatia diabética no proliferativa (menos grave) en donde podemos encontrar en la retina microaneurismas, hemorragias, depósitos de lípidos o zonas de la retina sin irrigación.

La retinopatía diabética proliferativa, más grave, sucede principalmente cuando muchos de los vasos sanguíneos de la retina se tapan, impidiendo un flujo suficiente de la sangre. En un intento de suministrar sangre a la zona donde los vasos originales se han tapado, la retina responde creando nuevos vasos sanguíneos. Este proceso se llama neovascularización. Sin embargo, los nuevos vasos sanguíneos también son anormales y no proporcionan a la retina con el flujo sanguíneo adecuado. A menudo, los nuevos vasos van acompañados por tejidos cicatrizados que pueden hacer que la retina se arrugue o se desprenda.

Los tratamientos utilizados para el tratamiento de la retinopatía diabética pasan por el laser (fotocoagulación de la retina), la cirugía (vitrectomía) y más recientemente los anti-angiogénicos como el bevacicumab, ranimizumab o el aflibercept. Estos medicamentos se dan por vía intravítrea (inyección ocular) y actúan directamente en la retina.
Sin embargo, ningún tratamiento es efectivo si el paciente no logra tener un buen control metabólico de su enfermedad y controlar su presión arterial. Por eso esto debe ser el primer objetivo cuando un oftalmólogo se enfrenta a este tipo de paciente.